Había una vez un joven cazador que fue al bosque y se puso al acecho, es decir, a esperar y a vigilar por si alguna presa pudiera cazar. Aquella mañana se s entía muy feliz y, de pronto, apareció de no se sabe donde una mujer vieja, fea y arrugada se le acercó y le habló con dulce voz...
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